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Crítica en periódicos y revistas
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CRÍTICAS EN PERIÓDICOS Y REVISTAS ESPECIALIZADAS
“Aromas de relámpago” por Brígido Redondo
Hoy nos encontramos más que ante un portafolio de palabras, ante un haz de resplandores venidos de la impronta de una amiga de excepción, Isabel Díez Serrano, trabajadora de la palabra a quien la Voz se hace presente y penetra sus íntimos solares para dejarle la huella del don perpetuo que, contrita de sensibilidad y de videncia, ella sabe trasladar a las palabras.
Numerosas han sido las obras por donde nos ha brindado muestra de una entrega irrestricta al clamor interior y por donde ha enarbolado la oriflama del canto, así conocemos de su autoría “El último espejo”, “En el principio de la carne”, “Y el sueño se hizo voz”, “Primero temblor”, “Réquiem por una madre” y más cercano a esta fecha “Testigo del amor y la locura II”, entre otros que andan de alma en alma y de corazón en corazón hilando la potencialidad de una tarea y de un temblor a flor de piel donde vislumbra el sueño.
Su tarea literaria no ha pasado desapercibida para numerosas instituciones y para antologadores que la han incluido en sus catálogos llevando su nombre hacia nuevas dimensiones.
Su quehacer la ha compulsado hacia la tarea de promocionar a otros escritores y obras diversas abriendo páginas de revistas y gacetas literarias por donde transita la poiésis colectiva que, en su particular óptica vence al tiempo y la distancia para encontrar fraternal cabida y difusión adecuada. La Tertulia “Príncipe de Asturias” y la revista de creación literaria Oriflama.
Su sed de eternidad la llevan a incursionar en diversos cenáculos donde Atenea triunfa sobre el bullicio de la selva citadina llegando a Presidir la Asociación Prometeo de Poesía en Madrid. Hoy, pertenece al Ateneo Escurialense en San Lorenzo de El Escorial y sigue con su quehacer literario apareciendo en diversos medios éditos en toda la hispanidad.
Hoy se incorpora con “Aromas de Relámpagos” al archivo de la Casa Maya de la Poesía, donde un serial titulado Rosa Náutica la captura y signa con una edición que se auna a treinta y cinco años de esfuerzo por mantener una tarea editorial que a nosotros mismos dignifica.
“Aromas de Relámapagos” es una breve cosecha de astillas iluminadas caídas al choque eléctrico de un estruendo de luz sobre el pistilo incógnito de un cáliz no revelado. Pero el elam genésico tiene presencia manifiesta para dejarnos en el alma, a través de las pupilas, una esencia, un perfume… un aroma que se entra por los resquicios de una voz que canta, y esa voz, es Isabel Díez Serrano.
Lorenzo Suárez Crespo. Soneto a Oriflama A Isabel y Oriflama … Nos penetra, nos une, nos define … energía que surca el Universo
Nos penetra, nos une, nos define el Oro humano de la identidad, tributario fulgor de Hispanidad, Oro y llama en la luz que se combine.
Cada canto de amor que se destine tras las huellas de basta oralidad es el eco que deja en su heredad el clamor que en las letras se adivine.
Oriflama de Sancho y de Quijote, de sueño y realidad a puro trote, probidad en la prosa, limpio el verso
y en la gran Isabel de ingente hazaña, Atenea que irradia en la montaña La energía que surca el Universo.
“EN BRAZOS DE LA TIERRA”
Isabel Díez Serrano Editorial Creación. 28200- San Lorenzo de El Escorial, Madrid, España. 2011. Págs. 94 Prólogo de Purificación Lozano, escritora.
Por: Leonora Acuña de Marmolejo Escritora, poeta, periodista, crítica literaria , y pintora.
Navegando por la brillante trayectoria de la poetisa hispalense Isabel Díez Serrano, podemos concluír que ella -como dijera el eximio poeta salvadoreño Antonio Gamero- “vino al mundo con brújula y con mapa, para ensayar senderos más humanos donde encontrar justicia y esperanza.” La mayor parte de este poemario titulado En brazos de la Tierra, está escrito en la “difícil facilidad” del verso libre, porque como dijera la connotada poetisa uruguaya Delmira Agustini (1886-1914) en su poema “Rebelión”: el mar no quiere diques, quiere playas.” Sólo los últimos cuatro poemas de este libro son sonetos que por supuesto, conllevan la impronta de excelencia clásica característica de su poesía. El meollo de este poemario (vertebrado en tres secciones) esta basado en la creencia de su autora en la teoría de la reencarnación. Grandes pensadores, intelectuales, psiquiatras, filósofos, y maestros de metafísica se han adherido a esta teoría, como lo son por ejemplo: Cicerón, Nietzshe, Platón, Walt Whitman,Tolstói, Ralph Waldo Emerson, Mohandas K. Gandhi, Kahlil Gibran, Goethe, Carl Jung, y el metafísico Dr. Emmet Fox entre otros. Algunos médicos psiquiatras como el Dr. Brian Weis -psiquiatra del hospital Mount Sinai de Miami, E.E.U.U.- por medio del hipnotismo han llevado a sus pacientes a un estado de regresión para recordar las vidas pasadas de sus reencarnaciones. El Dr. Weis es autor de “Muchas vidas, muchos sabios”; “A través del tiempo”; y “Lazos de Amor” entre otros. Algunas veces enfrentamos frustración y excitación especulando sobre ciertos misterios difíciles de desentrañar, como este de la reencarnación. El Hinduísmo es el más fuerte seguidor de esta creencia de que nuestras almas renacen a la vida en sucesivos cuerpos después de la muerte hasta que alcanzamos descanso (Moksha) del ciclo de muerte y renacimiento. También el misticismo judío ha sido partidario de esta idea. Yo, particularmente estoy de acuerdo con quienes piensan que el mejor argumento para sustentar este concepto, es pensar que la perfección espiritual (basada en méritos tales como amor, honestidad, integridad, bondad, compasión, indulgencia, y justicia), es muy difícil de alcanzar en una sola vida, y consideran entonces que siendo Dios misericordioso, indulgente y compasivo, nos ha de dar otra oportunidad para alcanzarla. “Como los espíritus han de pasar a través de varias encarnaciones, se deduce de ello, que todos hemos tenido varias existencias y que tendremos otras, más o menos perfectas, sea en esta tierra o en otros mundos”. –Dr. Gérard Encausse. Con este claro epigrafe nuestra eximia poetisa Isabel Díez Serrano entroniza su admirable poemario, en cuyo transfondo subyace (como se dijo antes) su creencia en el debatido tema de la reencarnación, tema para el que ella presenta sus versos en primera persona representando el alma en su tránsito de una vida a otra en los diferentes planos de evolución. Comenzaré diciendo que la autora, muy acertadamente ha ilustrado su libro con fotos de Meagan de Oregón, en su estado de gestación progresiva (págs. 19 y 73) Al lado de la primera imagen (mostrando su vientre de lado) vienen sus versos “Del mundo de donde vengo / traigo aún mi pesar; / en el espacio azul / he dejado preguntas terrenales / que nadie contestó, / tan sólo fui empujado / por un sinfín de rostros / hacia un viaje oscuro / carrusel tiempo-espacio / que había de nutrirme / hasta ser nuevamente”. En el poema que encabeza Estoy en el principio de la carne (pág. 14) el ente anímico nos habla de su transitorio estado gestativo dentro del vientre materno que tras de nueve lunas lo incorporará al ciclo en que deviene siempre la creación: Estoy en el principio de la carne. / Un clamor de aguas vivas / va templando mi forma. / Ayer, nada sabía. / Todo es oscuridad. / Al cumplir de las lunas / la luz del mundo / golpeará mis retinas aún humedecidas, / seré puente-cristal / entre el día y la noche, / rosa aturdida de temblor luminoso, / efímera aventura / que se incorpora / al misterioso vértigo de la creación. Por supuesto que adentrándose en el debatido tema de la reencarnación, no podria haber faltado en sus versos la consideración sobre el Karma, que según el Budismo y el Hinduísmo, es la doctrina sobre la responsabilidad de nuestros actos en todas las reencarnaciones, que explican y justifican nuestra buena o mala fortuna en la vida por la cual estemos atravesando. Así pues el Karma viene a ser la ley de causa y efecto. La casualidad no existe. Hay Karma bueno, y Karma malo. Es la “deuda” que contraemos por el mal, o el “cobro” por el bien que hagamos. Afincado en esta doctrina, en el libro “Lazos de Amor” de Weis, Federico Nietzsche dice: “Mi doctrina es: Vive de tal modo que llegues a desear vivir otra vez, éste es tu deber, ¡porque revivirás de todas formas!.” Y siempre regresamos ya que esta vida es una escuela y cada vida es un grado más adelantado que el último. Cosechamos lo que sembramos. Somos responsables no sólo de nosotros mismos sino algunas veces también de los demás, de la comunidad, y del planeta. Asi pues existe el Karma Individual, el Karma colectivo, y el Karma planetario. Y tal parece que nuestra querida Isabel espera aún su premio mayor, el que ella por sus múltiples méritos se merece. Asi lo vemos en su ya mencionado poema Del mundo donde vengo (pág. 18) cuando se expresa así: […] Alguien bajó hasta el valle / a mostrarme el camino para cumplir la ley / de los karmas que aún me pertenecen. / La luz del universo me subyuga, / el atrio de mi casa resplandece, / mi paz, / la paz que conseguí, / se ha quedado dormida / en el tiempo y olvido.” Hemos de observar que nuestra poetisa regularmente se refiere al ciclo de muerte y renacimiento, con un lenguaje metafórico de gran elevación mística: “carrusel tiempo-espacio” (pág. 18); “misterioso vértigo de la creación” (pág. 14); o “el milagro del hueso y de la carne” (pág. 75). En su poema He venido de nuevo (pág. 25) nos habla de una nueva reencarnación con estos versos: He venido de nuevo / a encerrarme en la carne / a este mundo de incógnita del cual nada recuerdo. […] De nuevo encontraré la fuerza de la vida; / ayer, era pura conciencia y habitaba en un sueño, / un sueño que es la muerte, Nos habla del tránsito de un cuerpo a otro, cuando plasma estos versos de la página 33: Este río de olvido / que de fechas vacías está lleno / y en cuya plenitud el poeta se ahoga… […] Cambia mi vida pero mi muerte es única. […] Olvido dulce y largo donde el cuerpo / inocente se baña en las tinieblas / de la tierra mutable…” A este respecto Brian Weis nos dice (pág. 104) de “Lazos de Amor”: “El cuerpo y el alma son como el coche y el conductor. Recordemos siempre que somos el conductor y no el coche. No debemos identificarnos con el vehículo. […] El conductor, el alma, nunca cambia.. Sólo cambiamos de coche.” Así también nuestra poetisa nos lo dice en su poema (pág. 29) Porque nadie regresa de la muerte / y permanece siendo el mismo hombre. Y más adelante prosigue con estos preciosos versos que en mi emoción, no he podido eludir por su aquilatado simbolismo: […] en esa soledad que es estandarte / de eternidad, / pude abrir el recuerdo con signos ancestrales / y aprender en la piel del Universo / que soy viejo en lucir ciudadanía, / que otras veces / llegué a encarnar poemas / con cuestiones / que ahora se hacen respuesta. / Hombre, / sombra,/ escultura / tallada / al compás de la muerte repetible y austera. Según la teoría, las reencarnaciones cesan cuando el individuo ha desarrollado el amor por todos sin distinción. La meta es el amor porque Dios nuestro creador es amor, y la naturaleza siempre busca unir por medio del amor. Curar y reformar por medio y para el amor. Así nuestra poetisa Díez Serrano lo expresa en la página 36 : ¡Amor! ¡amor! Gritamos. / Si Dios ya nos lo entregó. Y continúa en la página siguiente: Palabra más encendida y elocuente / no ha sonado en los ámbitos del mundo. / […] He aquí el clamor del hombre: / nacemos del amor / y al morir / sólo Amor encontramos. Siendo como antes se dijo: que la vida es una escuela, una experiencia continua de crecimiento, en la página 55 Isabel corrobora esto cuando se manifiesta asi: Se aprende de la vida. / Se aprende de la muerte / al estrenar la infancia. Isabel introduce la parte III de su poemario con un epígrafe que reza así: “Antes de nacer, el niño ya ha vivido / y la muerte, no termina nada” – M. Fontaine “Egipto” 424. De ahí quizás que se dé el caso de los llamados “niños prodigio”. Algunos de estos, hablan lenguas extranjeras sin haberlas aprendido con anterioridad (capacidad a la cual se denomina “xenoglosia”); otros niños vienen a la vida con una maestría musical o artística como si hubiesen tenido una previa capacitación para ello. Extendiendo un poco más la mirada por otros derroteros de la inspiración de esta admirable poetisa, observamos que aupada por su insaciable inquietud intelectual e inquisitiva, en elevada inspiración poética, su estro traspasa los límites físicos y como en una transmutación humana de gran sensibilidad femeninamente maternal, navega como un feto por los secretos y misteriosos laberintos de la gestación, como podemos verlo en su poema de la página 72 (el que precede a la foto de Meagan de Oregón mostrando el perfil de su avanzado estado de embarazo): Estas aguas pacíficas me aduermen, / estas aguas que llegan columpiadas… / Madre de todos los hombres / mujer que me enamoras aún antes de nacer. / Qué bien me encuentro en casa , arrebujado / alcanzo mi dedito y lo llevo a la boca . / Me sabe a mar, a ti, a dulce laberinto / que no entiendo / ni veo, / todo es opaco aquí, todo esclarece / cuando tú te levantas y te envuelves / la túnica del Sol. Nuestra poetisa cierra su poemario (pág. 94) con un soneto magistral de altísimos quilates líricos con el que resume -por decirlo así-, el papel de cofre y nido reencarnador de vida de la madre: He nacido por fin, yo te busqué, / me guardaste en tu entraña , miel-cobijo, / madre tan sólo una, amor me dijo / y contigo en tus aguas me embarqué. […] Gracias doy por cumplir con lo pactado, / llegué a ti y me amaste en el momento / en que tu corazón y el mío, doble acento / se hicieran uno en cuerpo desdoblado. / Doble latir, doble existencia, un nido. / ¡Gracias, por no ser carne en el olvido! Invito a los lectores a disfrutar sabiamente navegando deleitosamente por las páginas de En brazos de la Tierra. ¡Verán que éste es un regalo para el espíritu! En la solapa de este poemario aparece una breve mas sustanciosa biografía de esta insigne poetisa, cuya cuna arrulló el Guadalquivir, y La torre del oro cual centinela sus pasos vigiló. Díez Serrano es una exitosa mujer de gran intelecto, talentosa, intensa, libre pensadora, vertical en su amistad, y humanamente bien equilibrada y noble, como el filántrópico ser que es. Guardando una armoniosa personalidad, sabe ser flexible dentro de la reciedumbre espiritual de roble que la asiste. La sangre andaluza que corre por sus venas, la hace ser notablemente carismática y vibrante como su expresión poética, y agradable en el trato con ese joie de vivre que la anima. Si determináramos escribir en más detalle sobre su transparente y ejemplar andadura lirica y personal, se nos irían páginas tras páginas para hacerle verdadero honor; y bien podríamos decir sin incurrir en hipérbole, que ella en su trascendental y paradigmática andadura, ya ha escalado un plano muy alto de conciencia cósmica. A continuación me permito transcribir la mencionada nota biográfíca: Isabel Díez Serrano: Sevilla, residente en El Escorial (Madrid). Poeta. Promotora Cultural. Crítica literaria. Antóloga. Treinta libros publicados entre ellos: Antología de la Poesía Cósmica, México. Te esperamos, Chile. Testigos del amor y la locura, España. Aromas de relámpagos, México. Relámpagos interiores, España. Controversia y aplomo, México. Publica en revistas de España y América tanto en papel como en la red. En más de 70 Antologías. Traducida a varios idiomas: Poemas musicalizados por varios autores. Premios: Alhoja De plata, Sánchez Brum. Mención de Honor Prometeo de Poesía. Accesit mundial Fernado Rielo de Poesía Mística. Trofeo Reina Amalia, José Gerardo Manrique de Lara (Asoc. De Escritores y Artistas Españoles). Mujer 2010 en Cultura por el Ayuntamiento de la Leal Villa de El Escorial, y otras Menciones de Honor. Dirije la Tertulia Príncipe de Asturias y la Revista Oriflama www.oriflama.es Quién es quién en las Letras Españolas desde 2003. ¡Elevemos pues nuestra voz al unísono exultantes por el orgulloso triunfo de ISABEL DÍEZ SERRANO quien con vara alta en el claro lirismo de su hontanar poético, ha puesto una estrella más en el firmamento de nuestra gloriosa Lengua Cervantina!
LA IRRADIACIÓN METAFÍSICA EN LA LÍRICA DE ISABEL DIEZ SERRANO Por Bruno Rosario Candelier
y es preciso crecer para aprehenderla. (Relámpagos interiores, p. 24)
A Fredo Arias de la Canal, Impulsor del Protoidioma de la poesía.
Cuando en los primeros días de mayo del cursante año (2011) varios poetas dominicanos fuimos a San Lorenzo de El Escorial, de Madrid, a la celebración del IV Congreso Internacional del Movimiento Interiorista, entre los poetas españoles estaba Isabel Díez Serrano (1), que amablemente se me presentó y me obsequió un ejemplar de la producción antológica de su creación poética. Al mes siguiente, recibí una atenta misiva suya vía electrónica, con esta coordenada <isabeldserrano@oriflama.es>, fechada en El Escorial, el 18 de junio de 2011, cuyo contenido cito: “Estimado Bruno Rosario Candelier: No sabe la satisfacción que tuve al conocerle por unos momentos, aquí en San Lorenzo de El Escorial. Gentilmente me regaló su libro de Fundamento estético del Interiorismo, a cambio de mi Antología Relámpagos interiores. ¿Casualidad o causalidad? Lo he leído con fruición, ya que lo que se dijo por parte de Teo y por Vd. mismo me impresionó lo suficiente como para prestarle todo mi interés. Creo que estoy de lleno dentro de este movimiento que hasta ahora desconocía. Mire usted por donde no sabía que asistirían al acto Teodoro Rubio ni Emilio Rodríguez a quienes conozco desde hace muchos años a través de nuestra poesía y nuestras Asociaciones de Escritores y Artistas Españoles, pero hacía gran tiempo no nos veíamos a causa de que yo cambié mi domicilio a esta localidad de El Escorial hace cinco años y no visito apenas la capital. Emilio tampoco, desde hace mucho más tiempo. Pero y para mayor sorpresa hablo de Ud. Bruno a un gran amigo literario, investigador del lenguaje poético y descubridor del Protoidioma: Fredo Arias de la Canal y me cuenta que le conoce hace mucho tiempo y tienen frecuente correspondencia. Esto ya terminó de alegrarme mucho más pues conozco a Fredo al menos hace veinte años, incluso he estado en su casa de México, invitada para dar una conferencia sobre Sor Juana Inés de la Cruz, hace tres años o algo así y recientemente él ha visitado nuestro país ya que como sabrá tiene familia en Asturias y cuando viene siempre para en el Hotel Palace aunque sea de paso y nos invita a mi esposo y a mí a merendar. Siempre es un placer estar con él por su sabiduría y su comportamiento tan gentil con todo el mundo. Como ya sabrá, Bruno, es el mecenas de los poetas, sobre todo de los más desfavorecidos económicamente y sobre todo también de los que él considera, a través de su lenguaje cósmico, oral-traumático, metafísico, tanático. Todo ello ha contribuido a que me sienta con el grupo (en el que ya me han inscrito Emilio, Teo y José Nicás), como en mi casa. Su libro Fundamento Estético me ha encantado, como tesis, como enseñante y como amistoso-humano. Es preciso leer sus misivas tan cariñosas para darse cuenta de cómo debe de ser su persona. Casualidad también que a mí el género literario que más me gusta después de la Poesía es el Epistolar. ¡Lástima que esto se ha perdido algo, al menos en la profundidad por culpa de Internet! Me encantaban las cartas a pluma y entregadas en mano por el cartero que llegaba al buzón de casa. Tengo miles de cartas de grandes personajes literarios contestando a mis libros, al igual que yo hacía con ellos. Pero amigo, la vida avanza y no podemos detenernos. Dejémoslo como está, si no queremos retroceder, lo cual significaría "parar". Bruno, no me salen ahora mismo las palabras exactas que están en mi corazón porque quiero a toda prisa escribir antes de que pase más tiempo y quiero que sepa que la lectura de su libro me ha impactado y de qué manera, para habérselo contado yo al amigo mexicano. Me alegra mucho también de que ambos estén en la misma línea y que solamente difieren en una: quizás en la mística, uno piensa que viene de Dios y el otro del cerebro, o algo así, perdón por las explicaciones tan llanas, de eso tendríamos mucho que decir los poetas, pues los hay, creo de las dos clases, yo misma a veces me veo tan abstraída que no siento la escritura, ni siquiera me veo pensando, entonces me pregunto al día siguiente ¿Y esto por qué lo he dicho?, y ¿por qué de esta manera?, y no hay respuesta. Es entonces cuando pienso que viene de algún lado pero no del pensamiento, yo no pensaba en esos momentos, sólo escribía. Luego hay otros momentos como cuando haces un soneto y la misma rima te hace pensar y sabes que estás pensando aunque te lleguen las palabras ya por la experiencia, pero piensas en la rima, en la medida, en un sinfín de cosas mientras que otras muchas veces no. Admirado Bruno, no quiero extenderme más pues ya pienso (ahora sí pienso) que hemos de hablar alguna vez más sobre temas tan interesantes que nos sugieren la Poesía, cierta clase de Poesía. Y para no cansar ni aburrirle más, por el momento le envío mi más sincero abrazo de amistad, esperando ser acogida por usted en su Movimiento Interiorista, que tanta alegría ha suscitado en mí. Isabel Diez”. Al día siguiente, di formal contestación a tan interesante carta de la poeta española, en la que le comunicaba por vía electrónica lo siguiente: “Muy estimada Isabel: Fue recíproco el gozo que produjo nuestro encuentro en San Lorenzo de El Escorial, con motivo de la celebración del IV Congreso Internacional del Interiorismo. Casual o causal, de cualquier modo siempre es positivo y estimulante ampliar el radio de acción con personas de tu categoría, lo que nos potencia y enriquece, mucho más al compartir el sentimiento de identificación con el ideal interiorista de la creación, ámbito y meta de nuestra vocación más alta. Desde luego, nunca olvido el axioma del pensador presocrático Leucipo de Abdera: “Nada sucede por azar, sino por razón o necesidad”. Sin duda, tu creación poética afina esencialmente con los postulados estéticos del Interiorismo y me alegra saber que ya te has vinculado a nuestro movimiento, razón por la cual me complace extenderte mi calurosa bienvenida, pues sé, además, que con tu obra, tu talento y tu estímulo, se potencia esta tendencia estética que ha surgido para enrumbar la creación literaria hacia la dimensión esencial y trascendente de la creatividad. Celebro también tu vínculo con Fredo Arias de la Canal, el gran mecenas de América. Admiro a ese eminente crítico y teórico mexicano, no solo por sus grandes conocimientos y su honda intuición estética, sino también por su vocación altruista a favor de la expansión de nuestras letras, cuyas publicaciones han significado un encomiable espaldarazo al quehacer poético de la literatura hispanoamericana, secundado a través del Frente de Afirmación Hispanista. El enfoque de Fredo Arias es válido, como lo es también la revelación, en la que creo, pues hay vertientes de la creatividad, como la inspiración, que vienen del Numen, de las Musas o de la Sabiduría Espiritual de la Memoria Cósmica o de la misma Divinidad. Ciertamente hay muchas intuiciones que proceden de la percepción de la realidad, cuando sintonizamos sus efluvios y, en estos casos, la teoría de Fredo Arias es válida porque ahí intervienen las neuronas cerebrales, que siempre juegan un rol en el proceso de la creación. Estimo que los poetas, sobre todo, los metafísicos y los místicos, son amanuenses del Espíritu, vale decir, intermediarios de una Potencia Sobrenatural que “sopla donde quiere”, como dice el texto bíblico. De ahí la grandeza de los creadores que, desde su sensibilidad estética, establecen una profunda conexión con la Energía Superior de lo Viviente, como es tu caso. No dudes, querida poeta y amiga Isabel, que te he incorporado con emocionada satisfacción al Movimiento Interiorista para seguir alentando, con tu presencia y tu obra, el ideal de crecimiento espiritual a través del arte de la creación poética. Una faceta positiva del correo electrónico es el hecho de la reactivación del género epistolar, que valoro mucho en razón de que, al ser más ligero y fluyente, concita más atención y es un magnífico vehículo a través del cual podemos comunicar, pese a la brevedad de la misiva, algunas intuiciones esenciales, sin obviar el sentimiento o la expresión de la belleza, si está a nuestro alcance plasmarlos. Al agradecerle tu valiosa carta, recibe mi saludo emocionado y cariñoso. Bruno Rosario Candelier”. A esa comunicación siguió otra de la autora sevilllana, que también cito: “Querido amigo, ya: No sabe cuán feliz me ha hecho su pronta respuesta, sus palabras hacia mi persona y mi obra, su aceptación al Movimiento Interiorista. Le agradezco en el alma esta deferencia, sin que ello signifique que se aumente mi ego, ay Dios, tan cerquita estamos siempre los poetas, el hombre en general... Su interpretación sobre los poetas metafísicos o místicos me hace mucho bien, ya que siempre supe que iba "contracorriente" y me hacía sentir a veces como "un bicho raro" sin llegar a pensar que estaba loca, sino que algo había dentro de mí, que está, creo, en todo ser humano pero que, sin embargo, es preciso descubrir. Yo le di "a la caza alcance" en un solo instante, sin saber cómo ni por qué. Pero fue y eso para mí es lo real de mi existencia. Lo difícil es captar las palabras para contarlo a los demás. Recibo su ponencia "Conciencia y creación poética en la lírica de Roberto José Adames". Leo con atención e interés y me admiro de veras de que se pueda penetrar tanto en unos cuantos poemas que aquí se muestran. Tanto desde el Movimiento Interiorista que usted representa, como desde el Protoidioma proclamado por nuestro común amigo Fredo Arias de la Canal, ¿divinidad? ¿paleocortex cerebral?, ¿inconsciente colectivo? Los poetas, al menos yo, nos quedamos boquiabiertos a veces, tantas veces de los resultados que los estudiosos como ustedes pueden sacar de nosotros, los humildes poetas que no aspiramos más que a comunicar aquello que se nos viene encima y no nos deja ni a sol ni a sombra, sin pensar en más consecuencias que el quererlo mostrar al mundo, o al menos al papel en blanco para un mejor alivio de tensiones, inquietudes, preguntas o de placeres sin resolver. Menos aún, hay veces que sin ningún motivo sino empujados por una orden imperiosa de no se sabe qué ni de dónde. De cualquier forma, admiro su talento para descifrar el lenguaje tan especial de esta muestra tan cósmica de Roberto José Adames diría yo y dejo para nuestro amigo Fredo lo de oral-traumático y que pese a los años que llevo dentro de su doctrina y su amistad, aún no he logrado comprender del todo. Y mejor será que lo dejemos aquí, no quiero cansar de nuevo su espíritu bienhechor para que me tenga que contestar. Ya tendremos otras ocasiones en un futuro próximo. Le felicito sinceramente por este estudio y le envío mi más cariñoso saludo. Amigo Bruno, me atrevo a enviarle un cariñoso abrazo. Isabel”. Al corresponder a tan auspiciosa comunicación, le escribí a Isabel el 28 de junio de 2011 diciéndole: “Me encanta el contenido de tu mensaje, por el entusiasmo con que valoras el sentido de la poesía y la connotación exegética de la interpretación que hacemos los que nos dedicamos a la crítica literaria. Aunque hay un manto que impide ver el real trasfondo de lo que sus versos expresan, como le comenté a una poeta amiga, su realidad no es una mentira, sino una verdad oculta, que es diferente. No es lo mismo decir una mentira, que disfrazar con los procedimientos poéticos una verdad existencial o un planteamiento conceptual. Decir las cosas con el lenguaje de la poesía, aunque se mantenga oculta la motivación de su inspiración, como hace el poeta Roberto José Adames, es un procedimiento propio de la poesía, pues para eso están el lenguaje simbólico y las imágenes arquetípicas. Si el poeta canaliza en su creación expresiones que responden a los arquetipos oral-traumáticos propios del Protoidioma de la poesía, como ha enseñado Fredo Arias de la Canal (2), esa manera de escribir es una ingeniosidad de su don creador, indicativo de sus condiciones naturales para el arte de la creación poética. En virtud de tu talento poético, tú has podido, Isabel, hacer lo mismo en tu creación, dando a conocer lo que concita tu sensibilidad profunda, vertida en fórmulas estéticas con imágenes crípticas para canalizar las singulares percepciones que, desde tu sensibilidad profunda, puedes auscultar en la cantera de la sabiduría espiritual de la memoria cósmica”, termina la carta a la nueva poeta interiorista. En efecto, los poetas tienen un vínculo especial con la Fuerza Espiritual del Universo para canalizar a su través verdades provenientes de esa cantera infinita. Alude la poeta radicada en El Escorial a la transmutación que su sensibilidad experimenta cuando entra en relación imaginativa, espiritual y afectiva con la sustancia de los elementos y el alma de lo viviente, como se manifiesta en su poesía (3):
llevo en el monte de mis manos la sal del Universo. Soy materia ambulante que se muta y tantas veces con las sienes rotas, un sabor a ceniza me estreno nuevamente. Este irse y no irse es una farsa, una imagen fugaz, el caz del río por donde ha de perderse la memoria. Desde este sueño donde junto habitan la tiniebla y la luz, caigo de nuevo en brazos de la tierra, hambriento de latido, sin otra ceremonia que la carne y el mito milagroso que la inflama. (Relámpagos interiores, p. 26)
Los
poetas han desarrollado la sensibilidad trascendente, por la cual se
manifiesta la intuición estética y la intuición metafísica, que
les permite canalizar la energía interior de la conciencia mediante
la cual se interconectan con el vínculo del Logos, la memoria
cósmica y la sabiduría universal. Con su sensibilidad estremecida,
nuestra poeta canta al dolor que la convoca con el aliento sideral de
lo viviente, como se aprecia en “Olvidó su canción mientras
dormía”:
Intuye Isabel que, a pesar del fuego que le impregna una porción del hálito sagrado, su naturaleza atisba una magra señal que la ata a una condición cambiante y pasajera:
esa zarpa dispuesta que serpentea, arrasa allá desde su altura pues que se sabe virgen o milagro en actitud de entrega. Y lo supimos tarde, cuando juntos, prendidos descubrimos entre la esfinge nuestro caos, nuestro rotundo mineral. Oh fuego, majestuoso y libre, música seca que engulles cuanto alcanzas en todas direcciones, y mandas, vertical. Todavía has de venir con tono grave a rodear con brazos sapientísimos un mundo cuyos cimientos ya se resquebrajan. Mas nosotros no tenemos capacidad de sacrificio y nos mantiene este profundo afán de sementera. Déjanos, al menos una linde para los tontos, los pobres o los místicos que ya sabemos del sudor de nuestro pecho y el humo nos asfixia de tan cerca. Déjanos escapar de aquella madrugada cuando teníamos el pelo de tan moreno, azul. Aún llevamos en nuestras células tu estirpe. Solo cabe esperar la lógica de este reloj ardiente que es el hombre y sepa darle marcha, atrás en el momento exacto de toda conclusión. Mas si me llamas… (Relámpagos interiores, pp. 48-49)
Presiente la poeta la extraña sensación de sentirse uno y su contrario (luz y sombra, infierno/paraíso) cuando entra en sintonía con la naturaleza de lo viviente en cordial coparticipación y entrega:
y yo dije, y de aire ya que la muerte es algo palpable y se olfatea en este hospital blanco donde llama la nieve, y los cristales gritan porque los toca el aire limpio como una hostia que levanta la noche despertando conciencias aún dormidas, aunque se sienta frío, el frío del que nace en esta encrucijada o laberinto que a todos nos encierra pues que somos sus presos y los árboles se cansan de mentir. Pero ah, soy Acuario y me siento hecha de aire, de sol, de luna nueva, el cielo es mi refugio porque subo y desciendo y siempre permanece y se alquilan balcones para mirar al mundo. No me dejo engañar, el aire que me lleva y trasciende mi pecho no es solo imaginario, con los ojos abiertos, veo altura, colores girando sin cesar y las sendas se abren y móviles se crecen, alcanzan precipicios que no llegan a infiernos, ya que infierno está dentro y dentro, paraíso. (Relámpagos interiores, p. 52)
Al contemplar el mundo circundante, la poeta se siente una sola cosa con todo lo existente desde la esencia primigenia que unifica a fenómenos y criaturas en comunión mística con lo viviente:
allá en la lejanía de mi tiempo, yo la soñaba. Hasta el silencio en ella es música, armonía y la vida se crece en sus contornos y ahora el agua canta en este día pleno, canta a mis pies minúsculos que golpean la yerba. Una ola de dicha me envuelve, me agiganta y mis ojos recrean el baile de la espuma. Respiro hondo e intuyo que Dios me ha penetrado y todo, fuera y dentro se amansa, se unifica. Los árboles se inclinan por verse en el espejo, parece que nos hablan con un lenguaje antiguo. Las piedras marcan límites que la danza rebasa y nace el musgo niño que adorna y enriquece. Vuelvo de nuevo a casa, el tiempo se ha borrado y me siento hecha de aire, de sol, de hierbabuena. Qué fácil es perderse, fundirse en este valle y esta casa encendida que hace siglos de luna esperaba. Me espera. (Relámpagos interiores, p. 57)
Al sentirse atada a la “noche oscura del alma”, sensación que experimenta con la contrición consecuente, desde su particular condición de poeta y de creyente, clama Isabel al Amor que su corazón anhela:
hoguera, verbo nuevo, corazón que galopa y repito tu nombre, mi Dios, el tuyo solo. Prisionera de ti, mendigo de tu pan que es pan de Amores y yo para tu Amor nacida, peregrina del agua que apacienta mi cauce, que nunca el desaliento, la culpa o el pecado detengan mi andadura, yo, caminando en la luz, la perfección. Tú solo mi tesoro, mi espejo, mi aleteo. Náufrago de tu mar, borrachera divina que perfora mi entraña. Que mi grito y mis lágrimas se enreden en tu estela, mi temblor sea ascua esperando la muerte -paloma herida, cárcel y delirio calofrío que recorre mi piel y la traspasa-. Te ofrezco mi cansancio, mi voz de bajamar, estos ojos diezmados por fuego y por cellisca que otros días brillaron con prodigio divino. (Relámpagos interiores, p. 95)
La poeta tiene la sensación de sentirse conmocionada por el impacto de un relámpago que estremece su sensibilidad al entrar en contacto con un hondo aliento cósmico:
Siempre, poetas, cantando a los azules. Llueve, el agua se estremece en las baldosas, taconea y llueve, el aire se nos colma de una música nueva, ayer un vendaval, hoy aguacero, y se ven los tejados de un color de aventura. Mi ventana se empaña con el aliento fácil de la respiración. Tantas tardes iguales pero hoy tan distinta porque me estoy nutriendo de un relámpago que irrumpe en estos muros. Estoy sola y me da por mirar tras los encajes y no descubro nada más febrero que llega y nunca lo había yo cantado. Qué deciros que no sepáis vosotros… ah, sí que estoy sola y que llueve y eso no es común. Y espero, espero. (Relámpagos interiores, p. 200)
La poeta española experimenta, desde el vértice de su sensibilidad profunda, una honda conexión cósmica con la Energía del Universo que la estremece y le insufla el poder de creación, canalizado con el lenguaje del Protoidioma de los poetas, como lo hace en “Semejantes a estrellas”:
y en mi cintura los sentí crecer. Semejantes a estrellas calentaron mi entraña y poblaron mis surcos con estrenada sangre. Dos pulsos compartieron mi tierra ya labrada. Dos luceros en mientes calándome la carne. Y esperé, como espera la gota de rocío resbalar lentamente, mirándome hacia dentro redonda desnudez. Dos gotas, una a una tatuándome silentes con armonioso ritmo pero distinta voz. Dos suspiros, dos sonrisas, dos lágrimas blancas me nacieron. (Relámpagos interiores, p. 203)
En virtud del vínculo que la energía interior de la conciencia establece con la totalidad de lo viviente, la poeta es canal del torrente espiritual procedente de la memoria cósmica, que su lírica engarza con los arquetipos del Protoidioma y el aliento de la visión interiorista de la creación:
Entre la luna y yo siempre hay un aleteo. Sé que algo muy ardiente me persigue mas no veo su rostro por eso el hambre a veces llega y reclama su sitio. Este ir y venir, ese andar preguntando… los recuerdos son parte de la vida, los sueños, el futuro y se detiene el tiempo allá donde queramos, el grito adolescente, la angustia de ser hombre finalmente, serenos, esa serenidad, hermanos, que nosotros mismos tantas veces dejamos abortar. Mientras, nos vamos desviviendo, dejando en el camino esa herida que no puede cerrarse porque no ha sido ungida con amor. (Relámpagos interiores, pp. 210-211)
Con su visión interiorizada (4) mediante su conexión íntima con la esencia del Universo, la poeta española intuye el alma del mundo expresada mediante los arquetipos cósmicos:
panal de besos, íntima caricia, de los árboles bajan zafiros invisibles, veo alzarse las aves, dejar su dormitorio y al césped saludarlas por si luego más tarde. El sol abre su pecho, sigue el agua su canto y hasta la hiedra calla mientras se aferra al muro. Te miro, madre observo. Se te ha puesto la boca cual pálido rubí, los ojos cual diamantes de apagado fulgor, muy cerca del ciprés, del viento, de noviembre. (Relámpagos interiores, p. 212)
La poeta experimenta el sentimiento de coparticipación con lo viviente y de todo con el Todo en virtud de la ternura cósmica que embriaga su costado para sentir esa integración de criaturas y elementos bajo el predicamento del vínculo que unifica y exalta la condición ontológica:
Ascendí por la ruta del verso. Una música virgen me circundaba el paso y es ahora la mar la que me llama tan cargada de frutos, tan de incógnito que una gota de espuma entre los ojos me hace recordar que todo es Uno y Todo. Que puede haber estrellas vegetales, pájaros marineros y peces voladores que habiten las ciudades de la luna; que el sol se nos presenta volcán, fósforo, antorcha que ilumina los valles más profundos del hombre y los rayos de Dios nos atraviesan concéntricos y no hay escapatoria; todo es común, todo es común a todos, como la primavera nos nace cada marzo y hace crecer espigas que derraman su grano en el granero, solo para unos cuantos. Los hilos fraternales nos detienen a veces el combate porque son inocentes todos los que no llegan. Hay heridas que sigo reclamando desde la orilla donde me contemplo; quiero otear el campanario aquel y decirle a las nubes que no duerman, que derramen sus aguas sobre el mar, el mar que está despierto dando abrigo a la vida. Que se quiebren sus bordes, que nunca se detenga y se llenen sus fuentes. Hay fuentes, hay caminos, hollados hay estelas, crepusculares. Tengo aroma de pinos y la sangre caliente. Tengo sal en las manos y el sabor primigenio del mar. Tengo diminutas estrellas que me mantienen viva una niña desnuda y una fuerte esperanza de crecer y llegar. (Relámpagos interiores, pp. 255-256)
Compenetrada con la energía interior de lo viviente, la poeta sevillana vive el sentido de la poesía bajo la llama que activa la energía interior de la conciencia con los arquetipos del lenguaje de los poetas:
del diario escritor, cuasi poeta, hablaba con mi Dios y en mi delirio me agarraba a la pluma -sol ardiente- calentando mis manos su fluido líquido azul, que de la mente alquimia. Camino esplendoroso, la Poesía, perdí el pudor, el miedo de decirme que amaba lo inconsciente, el Dios de lo creado, la lectura que siempre fue narcótica veneno dulce, despertando al tiempo placeres que dormían, telarañas de una mente o cerebro al rojo vivo. Tu voz de ruiseñor, mística y plena me llegaba serena y amatista tiñendo mis tejidos, mis vocablos. Sedienta de palabras, comencé a vomitarlas, primero fueron lágrimas después risas, aúllos, tardías esperanzas. Bebí de tu licor y me embriagaste y hoy bebo, bebo, bebo mil vasos diferentes que tiene la Poesía, hasta anegarme. (Relámpagos interiores, p. 291) Compenetrada con la onda lírica y estética de Pablo Neruda, la cantora de El Escorial otea, desde su eminencia metafísica, el aliento que hermana a los poetas bajo el torrente de las musas o de la memoria cósmica:
tan vehementemente trasnochada, mis lágrimas resbalan, se hacen hueco y riegan las petunias que plantaron nuestros días de abril. Nuestras manos unidas, ese abril caminaban la tarde, bajo el árbol, el árbol, ya mi tarde es noche, siempre noche y tan de luto que atraviesa el cristal como una espada que se hunde en lo infinito. Latidos, turbios pájaros que cantan hacia adentro, desconsuelo garganta siempre seca, enronquecida, tan plena de oleaje, de ojos verdes que lloran y enceguecen la mirada. Mi tiempo es ya cautivo de la muerte no veo más que sombra ya, y mi pelo -incontrolable zubia desbocada- se vuelca, amarillece enfebrecido. Mi frente se hace pálida, presiente el peso del adiós la despedida del sueño que nos trajo aquel eclipse de sol, de luna nueva, amanecida de nunca primavera y mil colores ardientes que armonicen el paisaje. Negro olor en la almohada. Mi vino es vino agrio y el odre se me llena. Ah Pablo, Pablo hoy te recuerdo porque tengo el amor desesperado, la canción que no entono porque es triste, tan tristemente sola, opalescente… quiero hacer una paréntesis, quisiera colgar a la tristeza, de mañana mas hoy es esta noche y aún puedo “puedo escribir los versos…” (Relámpagos interiores, pp. 294-295)
Puedo sintetizar la creación poética de Isabel Diez Serrano, en cuya cosmovisión literaria aprecio los siguientes rasgos:
Bruno Rosario Candelier Moca, Ateneo Insular, 9 de julio de 2011.-
Notas:
“Relámpagos interiores” Antología 1984-2010 de Isabel Díez Serrano. Editorial Creación. España. 2010: Hermosa presentación y diagramación de una obra importante dentro de la Lírica Española, Isabel Díez nos entrega un banquete lírico que en gran parte es conocido desde hace más de tres décadas. Su Poesía pretende asombrarnos solo por su belleza y tratamiento depurado del lenguaje y lo logra plenamente. Gracias por su magnífico regalo. Alfonso Larrahona Kästen
Correo
de la Poesía nº 116
de Lorenzo Suárez Crespo Allá por el Escorial Pidamos al
campanario ------------------- Por
“Relámpagos interiores” Soneto después de los relámpagos. La guitarra
del tiempo se libera Isabel Díez Serrano: Para Isabel
Díez Serrano A
Isabel Díez Serrano
se nota el sentir humano
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